Si pudiera preguntarle a un tigre enjaulado "¿quién te puso allí?", y el tigre pudiera responderme y me dijera "El hombre", me reiría pensando que el animal me está jugando una broma. Sería impensable que un animal de ese tamaño, ferocidad, instinto, visión y fuerza pudiera ser presa de la debilidad humana.
Cuando veo a Latinoamérica enjaulada, con toda su selva, sus minerales, las reservas de agua, y la fuerza de trabajo de sus habitantes, me es imposible reír. Pero me es más imposible creer que es cierto que fueron quienes fueron los que nos pusieron en la jaula.
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